martes, 4 de septiembre de 2012

80: Energía diaria

Nos encontramos en donde acordamos. Al vernos evitamos mirarnos a los ojos, yo mantuve mi mirada hacia el suelo. Nos saludamos con un simple abrazo que yo aproveché para derretirme en su cuerpo, pertenecer a él. Su aroma era invasivo y relajante a la vez, como si me sintiese envuelto en nubes que me protegían de la adversidad. Caminamos por el parque, evitando tomarnos de la mano, aunque tuviésemos un lazo mucho más fuerte que ese. Llegamos al árbol más frondoso de aquel lugar, bajo la sombra. Empecé a subir mi mirada porque no pude aguantar no poder apreciar su cara de ángel, sus ojos brillantes que siempre esconden algo, con falsa felicidad y egoísmo. Cruzamos miradas y el tiempo se detuvo; los pájaros cantaban pero no volaban y las hojas de aquel árbol vibraban pero no se mecían. Me tómo la mano, nuestros pulsos se sincronizaron y sus ojos sonrieron.

-¿Te gustaría empezar una historia de amor conmigo?- Me dijo.

La alarma de mi celular sonó, ya era tarde para levantarme e ir a clases.

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